Artículo de Opinión por Javier Zapata.
“No soy el Espíritu Santo”: cuando una frase refleja el vacío del poder.
En Tepic, la política no necesita metáforas religiosas para volverse liturgia. La frase que soltó recientemente la presidenta municipal, Geraldine Ponce “No soy el Espíritu Santo” para aparecerme en todos los lugares”, no solo hizo eco en las redes sociales; se convirtió en un símbolo del hartazgo ciudadano y del distanciamiento creciente entre la autoridad y la gente.
La expresión, dicha con tono de cansancio o provable sinceridad, según a quién se escuche), dejó en evidencia un problema de fondo: la ausencia del gobierno en la vida cotidiana de las y los tepicenses.
Mientras la mandataria admite que no puede estar en todos lados y claro que no puede, nadie lo espera literalmente, la población sí exige algo mucho más terrenal: presencia institucional, servicios públicos dignos, soluciones reales y voluntad política. No milagros.
“Una ciudad que se siente sola en completo abandono”.
En las colonias populares, los reclamos se repiten como letanías: calles intransitables, luminarias apagadas, basura acumulada, obras abandonadas, promesas que se las lleva el viento. No se trata de un capricho ciudadano. Es la realidad concreta de quienes viven en las márgenes del poder y no se benefician de ruedas de prensa, giras protocolarias ni cortes de listón.
La administración dice que atiende cientos de reportes diarios. Probablemente es cierto. Pero la percepción pública tiene otros datos y aquí es donde la política fracasa, es otra: la gente no siente al gobierno cerca. No ve a sus líderes caminando entre ellos, no encuentra canales reales de solución. Y eso, más que cualquier frase mal calculada, es lo que desangra la confianza.
🎭 Comunicación o desconexión
El problema con frases como “No soy el Espíritu Santo” es que, aunque parecen sinceras o incluso valientes, en boca de una autoridad se convierten en un gesto de resignación o de cinismo, según cómo se lea. No ayudan a reconstruir puentes; los queman.
Una funcionaria pública no necesita estar en todos lados, pero sí debe asegurarse de que su administración sí lo esté. Y si no puede, debe explicar por qué, con claridad asumir las carencias y, sobre todo, mostrar voluntad de mejorar. Lo contrario es una desconexión total con los tepicenses.
¿Y ahora qué?
La pregunta que queda flotando tras el eco del Espíritu Santo es simple: ¿quién está gobernando Tepic? ¿Quién está en las colonias, en los parques, en las calles? Si no es la presidenta, si no son sus directores, si no es el cabildo… entonces, ¿quién?
La ciudad no pide milagros. Pide agua, luz, seguridad, calles, empatía. Cosas muy humanas. Muy terrenales.
En tiempos donde la presencia importa tanto como la gestión, lo último que necesita un gobierno es parecer ausente. Lo último que necesita un pueblo es sentirse abandonado.
Porque en política, no ser el Espíritu Santo, no exime de estar donde hace falta.
Lo exime la falta de compromiso.
Y eso, ni el cielo lo justifica.
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